Desarrollo emocional, principal palanca de la Creatividad en los Equipos

Una de las principales habilidades de las organizaciones es la capacidad de crear equipos que ofrezcan soluciones conjuntas a problemas y retos actuales y futuros. Conocer técnicas y herramientas para crear y organizar las ideas, así como el proceso para convertirlas en realidad es necesario. Es importante la cantidad y la calidad de las mismas y es fundamental la habilidad para ver desde diferentes perspectivas y elegir una solución. Esta capacidad de visión y elección viene determinada por el grado de Diversidad Creativa. Según la Doctora Kathryn W. Jabloko  está integrada por cuatro variables: 1) el Nivel creativo relacionado con la capacidad cognitiva de la persona; 2) el Estilo creativo, la manera más o menos estructurada que utiliza el cerebro para poner en valor tu capacidad cognitiva; 3) la Motivación que hace que inviertas la energía en un tema u otro; y 4) la Oportunidad que ves en cada idea y que varía de unas personas a otras.

La combinación de cada una de estas variables en sus diferentes grados y dimensiones, hace que las posibilidades y perfiles creativos de las personas varíen hasta el infinito. De ahí que también nuestra creatividad sea algo único y intransferible. No existe una forma ideal de creatividad, esta dependerá de para qué se requiera. Lo que sí que está claro, es que esta gran diversidad de perfiles creativos suponen un activo esencial en las organizaciones actuales porque grandes y cambiantes son los retos actuales y futuros para todos.

Los equipos con menores diferencias en sus perfiles creativos son más sencillos de gestionar y de convivir porque su manera de afrontar y comprender las situaciones son más similares, así como más limitadas sus perspectivas. Por el contrario, los equipos con mayores diferencias en sus perfiles creativos son mucho más complejos de gestionar y liderar. Sin embrago, su potencial para ampliar la mirada y la comprensión sobre la situación en cuestión, es mucho mayor. A mayor complejidad, también mayor oportunidad y mayor capacidad de visión y de resolución.

Ese es el gran paso que toca dar en estos momentos. Integrar la diferencia, respetarla y ponerla en valor dentro de las organizaciones. Este respeto y esta comprensión sólo puede conseguirse desde el desarrollo emocional de sus miembros y, muy especialmente, de sus líderes y directivos. Serán aquellos que estén abiertos a escuchar el valor que traen otras personas con un pensamiento muy diferente al propio, los que consigan una colaboración más próspera y creativa.

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