Una historia «cualquiera»

Guinea Ecuatorial, una mujer de mediana edad, cuarenta y tantos, principios del siglo XXI, 6 hijos, ejerce de madre y padre al mismo tiempo; su marido y padre de sus 6 hijos, decide un día cualquiera seguir su camino con un “si te he visto no me acuerdo”. Tampoco, cuando, tras un accidente, queda mutilada.  Una rama, al desprenderse de un árbol, le destroza media pierna. En otro lugar, ésta se habría podido curar; en Guinea no ha sido posible porque los médicos disponen de medios y conocimientos, muchas veces, insuficientes. En cada nuevo despertar en la camilla del hospital, su pierna ocupa cada vez menos espacio; se la van cortando, sin saber hasta cuándo. Al llegar el corte definitivo, piensa que nunca más podrá volver a andar y quiere morir. Le pide al médico que, por favor, le dé algo para no volver a despertar. El médico hace oídos sordos. Alguien le dice que en España pueden arreglarle la pierna y recuperar, así, su andar. Consigue audiencia con la Presidenta; sí, la Presidenta del País y mujer del principal mandatario. Y es que, por lo visto, al menos entonces, entre España y Guinea existía un acuerdo a través del cual un cupo determinado de Guineanos podía viajar a España por temas de salud. Al aterrizar en Barcelona, cae en las manos de una compatriota perteneciente a una red mafiosa que hace y deshace a su antojo los itinerarios sanitarios de quienes vienen a curar enfermedades sin solución en su país. La protagonista de la historia es derivada a un hospital y un alojamiento que no son los que le corresponden. La consecuencia, es una prótesis que sigue pagando a día de hoy y una primera estancia muy desagradable en nuestro país. A pesar de este cambio de planes en manos de la mafia, Norberta, que así se llama, consigue su objetivo y vuelve andando a Guinea.

Una vez allí, se hace de nuevo cargo de sus 6 hijos y continúa con su trabajo. Vende productos desde casa. Así funcionan muchas iniciativas en Guinea Ecuatorial, al menos hace algo más de 10 años. No hay licencias, no hay impuestos. Muchos negocios consisten en la venta de todo tipo de productos desde casa…Volviendo a Norberta, resulta que, por falta del reposo necesario, se le hunde la prótesis cuando tan solo han transcurrido unos pocos meses desde su aventura Europea. Los médicos guineanos le recomiendan que sea un médico Español el que le coloque el invento. En esta segunda ocasión, decide quedarse en el viejo continente. Su vuelta coincide con la famosa regularización de Zapatero. De sus 6 hijos, al cabo de un tiempo, consigue traer a España a sus dos hijas menores de 11 y 16 años de edad. La mayor, llega con sorpresa. En su fiesta de despedida en Guinea queda embarazada. Allí han quedado 4 hijos, 3 hijas y 1 hijo y con ellos, su corazón y una gran preocupación. La razón, una de sus hijas está siendo maltratada por su tía y hermana de Norberta. La historia, en parte por inconsciencia y en parte por necesidad, se repite. Siendo Norberta un niña, fue entregada también a una tía materna y maltratada por ella.

En España, su trabajo es en casa de otros y se centra en el cuidado de personas. Cuenta, como en su primer trabajo como cuidadora, la hija del contratador, le dice que la atención a su padre incluye también, su satisfacción sexual. Norberta, aguanta esta situación, lo hace durante durante 9 interminables meses por pura necesidad. Durante este tiempo esquiva los asquerosos roces físicos del padre y los verbales de la hija. Un ejemplo de la más desagradable y decadente carencia emocional a lo español. Y lo hace sin prostituirse, eludiendo como puede esta parte de un contrato no escrito.

El día que conocí a Norberta, me interesé por su historia, tan diferente a la mía. Podría seguir contando la historia de Guinea según esta mujer de grandes abrazos y color negro azabache; las luchas e injusticias entre los Bata y los Fang, pero mejor no me meto en ese berenjenal. Cuando pienso en la cantidad de Norbertas que hay en el mundo, se me ponen los pelos de punta. Hoy Norberta es una mujer feliz, eso dice ella. Se siente profundamente agradecida a la vida y a España porque siente que aquí se la quiere. Su fe inquebrantable y el amor a su familia son sus dos grandes palancas. Y ahora mientras escribo su historia, me viene a la cabeza que sus palancas, son también las mías y que su agradecimiento es también el mío.

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